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Visita al Mary Rose (y III): el rescate

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Como vimos en el primer artículo, el Mary Rose, único barco del XVI rescatado del fondo del mar, naufragó en 1545 cuando acababa de zarpar para enfrentarse a la flota francesa. En el segundo se trataron las circunstancias de la tragedia y los primeros intentos de rescate. Ahora toca saber cómo volvió a la superficie y se expone para solaz de investigadores y aficionados.
Sacar el barco a la superficie fue una tarea lenta y delicada para evitar que se descompusiera al moverlo. Porque lo verdaderamente interesante de este rescate era el hecho de que no sólo se extraería su contenido sino el casco mismo; el Vasa había abierto camino en ese sentido, unos años antes. Era una operación tan compleja que se fundó una organización benéfica, el Mary Rose Trust, para reunir fondos y colaboraciones, así como coordinar al equipo implicado -50 personas en la mar más otras 70 en laboratorios- con los cientos de buceadores voluntarios que se presentaron para ayudar.

La extracción del casco se inició…

Visita al Mary Rose (II): el naufragio

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El Mary Rose es el único barco que se conserva del siglo XVI. En el artículo anterior lo dejamos justo cuando zarpaba de Portsmouth para enfrentarse a la flota francesa el 18 de junio de 1545.
Fue el mismo año en que se inició el Concilio de Trento, que nacieron Alejandro Farnesio y Don Juan de Austria (el hijo díscolo de Felipe II), y el mismo en que murió en Vilcabamba el rebelde Manco Inca Yupanqui. Inglaterra y Francia estaban en guerra y la gigantesca flota de Francisco I libró su primer combate esa mañana; un cañoneo mutuo sin mayores consecuencias al que asistió el mismísimo Enrique VIII en persona a bordo del espléndido Henry Grace à Dieu, la gran carraca insignia de la armada inglesa cuyo tamaño era aún mayor que el del Mary Rose.


La historia del que también era conocido como Great Harry es algo confusa. Botado en 1514, el Mary Rose le precedió tres años y asimismo se le adelantó en novedad, ya que fue la primera nao concebida específicamente para la guerra; pero el Great Ha…

Visita al Mary Rose (I)

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Inglaterra es un paraíso para los amantes de la historia naval. Conscientes de su carácter insular y por ello de la importancia del mar, los ingleses han mimado de forma especial su relación con ese medio, que fue el que, al fin y al cabo les proporcionó su estatus de potencia. Por eso han conservado algunos de sus barcos históricos más emblemáticos e incluso hay toda una localidad dedicada al tema, Portsmouth, donde cualquier aficionado puede entrar en éxtasis visitando el Royal Naval Museum, contemplar buques actuales de la Royal Navy y subir a bordo de naves legendarias como el HMS Warrior (el primer buque británico acorazado) o el HMS Victory (el navío de línea en el que murió Nelson durante la batalla de Trafalgar), entre otros.

La última vez que visité Inglaterra me aseguré de cumplir un objetivo que no había podido cumplir en ocasiones anteriores: acercarme a esa localidad y ver todas esas maravillas en vivo. Así que una mañana a primera hora cogí un tren en la Estación Victori…

Mi dulce King Kong

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Más allá del ingente patrimonio arqueológico de Perú, más allá de ruinas incas y dibujos nazcas, de huacas y de momias milagrosamente conservadas, de balcones de madera tallada e iglesias virreinales, hay otro Perú por descubrir, un Perú que palidece quizá ante el brillo abrumador de lo anterior -que deslumbra al visitante eso es cierto-, pero al que si se puede hacer un hueco, por pequeño que sea, no defraudará. Es ese Perú folklórico y etnológico, el humano, el cotidiano, que proporciona un punto de vista diferente y actual, y en el que juega un papel importante la gastronomía; no lo digo yo -que también- sino los expertos en el tema culinario.
No soy muy de mirar esas clasificaciones sectoriales que elaboran ránkings y destacan a unos sobre otros, pero es cierto que de un tiempo a esta parte la cocina peruana resuena con nombre propio y ha sido capaz de colocarse en primera fila mundial. Siempre es una referencia y algo a tener en cuenta cuando uno aterriza en el país andino con g…

La Torre del Conde (y II): la Rebelión de los Gomeros

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En el artículo anterior repasaba cómo fue la llegada de los castellanos a la isla de La Gomera y cómo Hernán Peraza el Viejo construía la Torre del Conde en la recién fundada villa de San Sebastián, la misma donde recaló Colón antes de atravesar el Atlántico en 1492. También reseñaba que el Viejo falleció en 1452.
El relevo lo recogió su nieto, que también se llamaba Hernán y por eso, para distinguirlo del anterior, llevaba el apodo de el Joven o el Mozo. Su madre era Inés Peraza de las Casas, hija de Hernán el Viejo y a la que le gustaba hacerse llamar Reina de las Canarias porque su familia no sólo se las arregló para lograr que Enrique IV de Castilla le concediera el señorío del archipiélago sino que también convenció a los portugueses para que se marcharan de La Gomera. El reinado duró hasta 1477, en que Inés y su marido, Diego de Herrera, cedieron sus derechos a los Reyes Católicos a cambio de ser nombrados condes. Esta isla se la dejaron en herencia a su segundo hijo, el citado…

La Torre del Conde (I): la ocupación de La Gomahara

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Una de las primeras cosas que ve uno cuando desembarca del ferry en el puerto de La Gomera es la Torre del Conde. Está en el parque homónimo, una pequeña zona de asueto situada frente al mar y con un césped verdísimo sobre el que el monumento parece flotar. Contemplándola allí, batida por el sol y escapando a la sombre a de las palmeras que circundan el sitio, parece increíble que aquel haya sido el escenario de dramáticos momentos siglos atrás, cuando la reposada existencia de los gomeros se vio alterada por la llegada de aquellas enormes canoas a vela y sus extraños ocupantes que, embutidos en corazas, reclamaban la propiedad de sus tierras en nombre de un lejano rey.
figura solitaria y llamativa de la
Probablemente los aborígenes ignorasen que su propio origen no era autóctono, tal cual pasaba con sus vecinos de las otras islas: los guanches tinerfeños, los bimbaches de La Palma, los canarios de Gran Canaria, los majos de Fuerteventura... Todos venían de fuera, aunque hoy se siga…

Kuakman en Bután (y VII): fenómenos paranormales

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Última entrega. El inefable Toni Kuakman llega al final de su viaje por el exótico Reino de Bután. En el capítulo anterior le dejábamos de visita por los monasterios budistas y retomamos el hilo para que nos cuente sus experiencias metafísicas.
Durante el tour de los dzongs tuve ocasión de estrechar mi relación amistosa con Tashi (la guía) y Viri (el conductor). El convivir con ellos esos días favoreció la empatía mutua hasta el extremo de que les recomendaría sus servicios si algún tienen la extraña idea de visitar Bután. Lo pongo en condicional porque hay un pequeño detalle que dificulta la cosa: los butaneses no usan apellidos, con lo que no queda otra que referirse a ellos sólo por su nombre; y resulta que Tashi y Viri son nombres tan habituales que los hay a miles, así que si tratan de buscar a alguien por ese método van a necesitar una extraordinaria dosis de paciencia. De paciencia budista. La alternativa es recurrir al apodo, pues casi todos tienen  también el suyo.

Pero buen…