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La Torre del Conde (y II): la Rebelión de los Gomeros

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En el artículo anterior repasaba cómo fue la llegada de los castellanos a la isla de La Gomera y cómo Hernán Peraza el Viejo construía la Torre del Conde en la recién fundada villa de San Sebastián, la misma donde recaló Colón antes de atravesar el Atlántico en 1492. También reseñaba que el Viejo falleció en 1452.
El relevo lo recogió su nieto, que también se llamaba Hernán y por eso, para distinguirlo del anterior, llevaba el apodo de el Joven o el Mozo. Su madre era Inés Peraza de las Casas, hija de Hernán el Viejo y a la que le gustaba hacerse llamar Reina de las Canarias porque su familia no sólo se las arregló para lograr que Enrique IV de Castilla le concediera el señorío del archipiélago sino que también convenció a los portugueses para que se marcharan de La Gomera. El reinado duró hasta 1477, en que Inés y su marido, Diego de Herrera, cedieron sus derechos a los Reyes Católicos a cambio de ser nombrados condes. Esta isla se la dejaron en herencia a su segundo hijo, el citado…

La Torre del Conde (I): la ocupación de La Gomahara

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Una de las primeras cosas que ve uno cuando desembarca del ferry en el puerto de La Gomera es la Torre del Conde. Está en el parque homónimo, una pequeña zona de asueto situada frente al mar y con un césped verdísimo sobre el que el monumento parece flotar. Contemplándola allí, batida por el sol y escapando a la sombre a de las palmeras que circundan el sitio, parece increíble que aquel haya sido el escenario de dramáticos momentos siglos atrás, cuando la reposada existencia de los gomeros se vio alterada por la llegada de aquellas enormes canoas a vela y sus extraños ocupantes que, embutidos en corazas, reclamaban la propiedad de sus tierras en nombre de un lejano rey.
figura solitaria y llamativa de la
Probablemente los aborígenes ignorasen que su propio origen no era autóctono, tal cual pasaba con sus vecinos de las otras islas: los guanches tinerfeños, los bimbaches de La Palma, los canarios de Gran Canaria, los majos de Fuerteventura... Todos venían de fuera, aunque hoy se siga…

Kuakman en Bután (y VII): fenómenos paranormales

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Última entrega. El inefable Toni Kuakman llega al final de su viaje por el exótico Reino de Bután. En el capítulo anterior le dejábamos de visita por los monasterios budistas y retomamos el hilo para que nos cuente sus experiencias metafísicas.
Durante el tour de los dzongs tuve ocasión de estrechar mi relación amistosa con Tashi (la guía) y Viri (el conductor). El convivir con ellos esos días favoreció la empatía mutua hasta el extremo de que les recomendaría sus servicios si algún tienen la extraña idea de visitar Bután. Lo pongo en condicional porque hay un pequeño detalle que dificulta la cosa: los butaneses no usan apellidos, con lo que no queda otra que referirse a ellos sólo por su nombre; y resulta que Tashi y Viri son nombres tan habituales que los hay a miles, así que si tratan de buscar a alguien por ese método van a necesitar una extraordinaria dosis de paciencia. De paciencia budista. La alternativa es recurrir al apodo, pues casi todos tienen  también el suyo.

Pero buen…

Kuakman en Bután (VI): reyes, tigres y monasterios

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Sexta y penúltima entrega del relato que nos deja el inefable Toni Kuakman sobre su viaje al feliz Reino de Bután. En el capítulo anterior le dejábamos a punto de iniciar un circuito cultural por el país.
A la mayoría de ustedes dzong le sonará a nombre de insecticida o algo así pero lo cierto es que se trata de un estilo arquitectónico típico de la parte sur del Himalaya en general y de Bután en particular, y con el que se construyeron buena parte de los monasterios que salpican esa región. Los jong, que es como se castellaniza la palabra, tienen una característica curiosa: sus muros son muy gruesos y están reforzados con torreones, como si se hubieran concebido para resistir un asalto; ciertamente, aquellos cenobios hacían también de fortalezas en tiempos turbulentos y hablo en pasado porque me refiero a un amplio lapso de tiempo que va desde el siglo X hasta el XVII aproximadamente.
En el Bután actual, cada jong es una capital de distrito y tras cada una de esas recias paredes de …

Kuakman en Bután (V): la ciudad y los perros

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Toni Kuakman en Paro. No hay que preocuparse; no se trata de desempleo sino de una nueva entrega tras los pasos del inefable viajero en su visita a la capital del exótico Bután, que tiene tan incómodo nombre a pesar de que, según nos cuenta, no es mal sitio.
Paro es una ciudad agradable. Lo sería aunque sólo lo debiera al hecho de que no se ve aluminio por ninguna parte; todas las puertas y ventanas tienen marcos de madera y está prohibido construir edificios de más de cinco pisos, por eso, dicen, sólo hay un ascensor en todo el país y está en un hotel de lujo. Además, las casas guardan más o menos una estética tradicional, con animales pintados en sus fachadas. Sí, ya sé qué están pensando: aparte de los falos, pero cuya presencia decae en el centro urbano como si la modernidad impusiera su orden serio y aburrido.

En mi primer paseo por la calle me di cuenta de que cruzar de una acera a otra era una experiencia nueva, diferente, única: no sólo no hay semáforos sino que tampoco se pin…

Kuakman en Bután (IV): el PIB de la felicidad

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Cuarta entrega del relato facilitado por Toni Kuakman de su viaje a uno de los destinos más exóticos que tiene en su currículum: Bután. Tras las vicisitudes y apuros de rigor en las jornadas anteriores, de entre las que cabe destacar un terremoto, un stock de seguros, el habitual olvido de maleta, la más habitual aún pérdida del pasaporte y un aluvión de gente demandando sus servicios como rellenador profesional de fichas, por fin consigue, con la ayuda de Buda, pisar la capital "butanera", Paro.
Crucé la puerta de la terminal y allí estaban esperándome, cartel en mano, mi chófer y mi guía. Inmediatamente se presentaron  de forma cordial pero por mucho que hubiera practicado mi sánscrito al salir de Katmandú tengo que admitir que aún no lo dominaba bien así que durante unos días procuré dirigirme a ellos evitando llamarles por sus nombres y poniendo mis pabellones auriculares en modo esponja cuando alguien hablaba con ellos para tratar de aprendérmelos de memoria a base de …

Kuakman en Bután (III): la bendición de Buda

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En el episodio anterior, Kuakman se encontraba con un Katmandú que no sólo convalecía de los efectos del reciente terremoto sino que, además, aún sufría temblores esporádicos. Como sólo tuvo que pernoctar un par de noches no dio tiempo a ningún desastre, ya fuera causado por la Naturaleza o por él, y así pudo dejar Nepal para dirigirse hacia su verdadero destino, Bután.
Recordarán que a mi llegada a Katmandú tuve un pequeño incidente con mi maleta. Pues bien, para completar el círculo se me presentó una ocasión de oro de perder el avión a Paro que, para mantener mi fama, no podía dejar pasar pasar sin intentar concretarla. Así, un grupo de veinteañeros que se encontraban en la terminal para viajar a no recuerdo dónde y que tenían pinta de estar más perdidos que un pulpo en un garaje se me acercaron para que les ayudase a rellenar la ficha de salida. Nepal es un país curioso, como imaginarán, y una de sus rarezas es que las típicas fichas con datos personales se rellenan para irse en …